Depresión infantil

jueves, 31 de octubre de 2013


La depresión afecta también a los niños. Su falta de madurez los hace más vulnerables, y no siempre saben describir lo que sienten. Conoce las causas y los síntomas de la depresión infantil para ayudarles a superarlo.

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que afecta tanto a niños como a adultos; resulta altamente incapacitante y cursa con un elevado nivel de malestar en ambos casos. Sin embargo, si tenemos en cuenta la falta de madurez emocional y la falta de recursos para manejar sus propias emociones, comprenderemos que en el caso de los más pequeños este trastorno puede ser altamente interferente en su desarrollo.

La prevalencia de la depresión infantil es similar a la de la depresión en los adultos. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud estima que un 3% de la población infantil sufre depresión, que representa entre el 10 y el 15% de las consultas de psiquiatría infantil según diferentes autores.
Criterios diagnósticos de la depresión infantil

La depresión infantil presenta los mismos criterios diagnósticos que los de la población adulta, si bien, como veremos más adelante, existen diferencias en cuanto a su expresión. El diagnóstico de la depresión infantil según la CIE-10 sigue los siguientes criterios:

    La duración del episodio depresivo debe ser como mínimo de dos semanas y no estar relacionado con el consumo de ninguna sustancia.
    Presencia de dos de los siguientes síntomas:
        Humor depresivo: los niños y adolescentes, pueden presentar un estado de ánimo deprimido o irritable. Los más pequeños, además, a menudo no son capaces de describir cómo se sienten y suelen quejarse de molestias físicas imprecisas, y mostrar una triste expresión facial o una escasa comunicación visual. El ánimo irritable se puede manifestar con una conducta agresiva o acciones que demuestren hostilidad o cólera. En los adolescentes mayores los trastornos de ánimo pueden tener síntomas parecidos a los de los adultos.
        Pérdida de interés hacia el entorno, o incapacidad para disfrutar con el juego o con las actividades escolares.
        Falta de energía: no juega, rechaza ir al colegio, en casa se le ve desanimado, no habla, etcétera.
    Presencia de uno o más de los siguientes síntomas:
        Pérdida de confianza y autoestima, y sentimientos de inferioridad.
        Reproches: en los niños se refleja mediante una auto-desvalorización o un sentimiento de culpa excesivo o inapropiado.
        Ideas o intentos autolíticos (autodestructivos): en los niños y adolescentes se observan signos no verbales de conducta suicida como realizar acciones en las que corre riesgos de forma reiterada, –a veces como si se tratase de un juego–,- o adoptar comportamientos autolesivos (por ejemplo arañarse).
        Incapacidad para concentrarse o tomar decisiones, que en el caso de los niños se traduce en problemas de conducta o un bajo rendimiento académico.
        Actividad psicomotriz agitada o inhibida.
        Alteraciones del sueño.
        Variaciones de peso (en los niños generalmente se da un aumento).
    Quejas somáticas (dolor de cabeza, tripa, etcétera). Este criterio es muy frecuente en niños.

Existe una interacción de distintas variables, tanto de carácter biológico como social, que están presentes en la aparición de la depresión infantil. Sin embargo, es necesaria la existencia de una vulnerabilidad personal, familiar y ambiental que facilite el desarrollo del trastorno.

Entre las principales causas de depresión infantil está el hecho de que el niño no se siente querido por su familia y esto lo generaliza a los demás. En algunos casos esta sensación responde a un sentimiento real (por ejemplo, los padres expresan que no cumple sus expectativas), mientras que en otras no es así, a pesar de que el pequeño así lo entienda.

Pero la depresión infantil también puede responder a otros motivos, como:

    Estar sometidos a un estilo educativo excesivamente estricto.
    La pérdida de alguno de los progenitores –por fallecimiento o divorcio–.
    Padres muy perfeccionistas.
    Problemas físicos.
    Dificultades en la interacción con otros niños o conductas agresivas de éstos hacia ellos (por ejemplo bullying).

Por otro lado, las explicaciones que da el niño a lo que le ocurre son fundamentales a la hora de hablar de los factores determinantes de este trastorno. Así por ejemplo, un niño que considera que lo que le ocurre no depende de él entra en un bucle de indefensión que probablemente le conduzca a la tristeza y desesperanza.

Como es de imaginar, las consecuencias de la depresión no se harán esperar. La repercusión de los síntomas de la depresión se apreciará enseguida en el área escolar debido al bajo rendimiento académico del afectado. Por otro lado, las relaciones sociales y familiares de los pequeños se verán alteradas por su inestabilidad emocional y su posible tendencia al aislamiento. Todo ello desemboca en un retraso en el desarrollo intelectual y social del menor.

Al igual que en el caso de la depresión adulta, el tratamiento de la depresión infantil debe ser individualizado, adaptándolo al niño y a su fase de desarrollo, y teniendo en cuenta su funcionamiento cognitivo, maduración afectiva y su capacidad de mantener la atención. Resultará indispensable que en el tratamiento se involucre a los padres, interviniendo en el entorno del niño (familiar, social y escolar).

El tratamiento de la depresión infantil podrá ser sólo de índole psicológica, o combinado con fármacos prescritos por el médico especialista. Desde el punto de vista psicoterapéutico se incluyen técnicas cognitivo-conductuales con las que se le ayuda a detectar y modificar sus distorsiones acerca de cómo interpreta ciertos acontecimientos (por ejemplo, cómo puede entender una crítica de sus padres o de sus amigos, cómo juzga su comportamiento, etcétera). A nivel conductual se le debe enseñar también a manejar adecuadamente sus emociones (por ejemplo, cómo decir que no en lugar de ceder a todo lo que quieren sus amigos).

Estas técnicas aplicadas directamente con el pequeño deben acompañarse de otras terapias de orden más dinámico y sistémico que ayuden a identificar los patrones de interacción patológicos, y los posibles conflictos familiares que designan al niño como paciente.
Consejos para padres con hijos con depresión infantil

En el hogar es muy importante que los padres muestren un cariño incondicional hacia su hijo, y respeto hacia sus preferencias e intereses, dejando de lado estilos educativos rígidos y autoritarios que desatienden los sentimientos de los pequeños.

El ambiente familiar debe favorecer la adecuada expresión emocional, con el fin de permitir a los niños que desahoguen sus emociones. Para ello los padres deben hablar con sus hijos de sus propios sentimientos y preguntarles cómo se sienten ellos.

Los padres, además, nunca deberían cansarse de decir a sus hijos cuánto les quieren, y al mismo tiempo es bueno que les faciliten jugar con otros críos y que fomenten sus relaciones sociales con grupos de su misma edad.

Fuente webconsultas.com

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