Las dietas ricas en grasas saturadas alteran el centro del placer del cerebro

domingo, 19 de julio de 2015

Los últimos estudios vinculan el consumo de grasas con problemas motivacionales y emocionales. Las investigaciones en humanos y animales demuestran una asociación entre la obesidad y la alteración del sistema de recompensa del cerebro, el que dirige nuestro comportamiento. Su alteración se traduce en cambios conductuales y neurales. También se han asociado las dietas ricas en grasa con desórdenes neuropsiquiátricos, además de los ya archiconocidos problemas cardiacos.

Sin embargo, no está claro hasta qué punto estos cambios son consecuencia de de la obesidad o si dependen de la clase de grasas que ingerimos en la dieta.

Un estudio publicado en la revista “Neuropsychopharmacology “ apunta a esta segunda hipótesis: el tipo de grasa es fundamental en la genésis de esas alteraciones. Las grasas saturadas, y en especial la de aceite de palma, son las que tienen un efecto perjudicial para el cerebro, porque se comportan como drogas y disminuyen progresivamente la función de recompensa del cerebro, que requiere cada vez más cantidad para obtener el mismo placer. Por el contrario, el aceite de oliva, rica en ácidos grasos monoinsaturados, parecen tener un efecto protector sobre el cerebro.

 “Nuestra investigación muestra que, independiente del sobrepeso y la obesidad que produce, una alimentación alta en grasas puede causar deficiencias en el funcionamiento de los circuitos cerebrales implicados en los trastornos del estado de ánimo, las adicciones, y los trastornos de la alimentación, estados y patologías que inciden en la motivación y la sensación de bienestar” resaltan los investigadores. “Otro hallazgo clave es que una alimentación alta en grasas de forma prolongada amortigua la sensibilidad del sistema de recompensa del cerebro específicamente por la acción de las grasas saturadas, como el aceite de palma utilizado este estudio, pero no tiene el mismo efecto el aceite de oliva”.

La grasa de palma y en general las saturadas, se utilizan en comidas procesadas y bollería industrial para dar estabilidad a los aceites con los que se cocina y así utilizarlos durante más tiempo, como consta en la página web de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO).

Desde la cebolla frita en aros, que nos sabe tan deliciosa como complemento a un menú rápido, a la apetecible rosquilla que nos gustaría tomar a cualquier hora, pasando por otros alimentos industriales, todos han sido preparados con aceite de palma, como consta en la etiqueta. En la bollería esta grasa ayuda a lograr una textura mucho más esponjosa (y adictiva).

Otras veces esta grasa se esconde bajo la etiqueta de grasa de origen vegetal. Incluso los panchitos del aperitivo o las patatas fritas tienen muchas probabilidades de estar fritos con ella. Y al parecer van directos al sistema de recompensa de nuestro cerebro, el que controla nuestra motivación, apetencias, gustos… Eso sí, haciendo escala en nuestras arterias…

El equipo de investigadores obtuvo estos resultados con tres grupos de ratas. El primero, el grupo de control, recibió una dieta baja en grasa, y con cantidades aproximadamente iguales de ácidos grasos monoinsaturados (aceite de oliva) y saturados (grasa de palma). Al segundo grupo se le proporcionó una dieta alta en grasas monoinsaturadas, de las cuales el 50% provenían del aceite de oliva. El tercer grupo, también fue alimentado con una dieta rica grasas saturadas, pero el 50% esta vez derivada de aceite de palma.

Las dietas altas en grasas eran todos iguales en términos de azúcares, proteínas, contenido de grasa y aporte calórico, y los animales eran libres de comer la cantidad que querían. Después de ocho semanas, todos los ratas tenían pesos comparables igual que sus niveles de insulina, leptina (que son las principales hormonas metabólicas) y glucemia.

En ese momento, las ratas fueron sometidas a una serie de pruebas de comportamiento y bioquímicas indicativas del funcionamiento del sistema de la sistema de recompensa, cuyo neurotransmisor es la dopamina. “Las ratas con la dieta  a base de grasa de palma tenían la función de la dopamina significativamente debilitada”, señalan. La dopamina es fundamental para la motivación, entre otras funciones, y para marcar aquellas cosas que nos resultan apetecibles y placenteras.

“Esto lleva al cerebro a tratar de compensar esa disminución aumentando el comportamiento de búsqueda de recompensas, como ocurre en el fenómeno de la tolerancia a las drogas, donde uno tiene que aumentar la dosis a lo largo del tiempo para obtener el mismo efecto. Por lo tanto, en una persona el consumo excesivo de grasas saturadas puede llevar a una recompensa cada vez más reducida, que induce un consumo más alto de alimentos ricos en grasa y azúcar para obtener el mismo nivel de placer o recompensa “.

Este estudio es el primero en demostrar que, independientemente de los cambios de peso, la ingesta sin control de grasas saturadas puede tener efectos negativos en la gestión de la motivación por parte del cerebro.


Las grasas saturadas elevan el nivel de colesterol LDL (“malo”), aumentando el riesgo de sufrir ataque cardíaco, accidente cerebrovascular y otros problemas de salud mayores. Hay que evitar o limitar los alimentos ricos en grasas saturadas, que no deben sobrepasar el 10% de las calorías diarias totales. Los alimentos con muchas grasas saturadas son productos animales, como la mantequilla, el queso, la leche entera, el helado, la crema y las carnes grasas. Algunos aceites vegetales, como el aceite de palma, el aceite de coco y el aceite de palmiche, también contienen grasas saturadas. Estas grasas son sólidas a temperatura ambiente. Una dieta alta en grasa saturada incrementa la acumulación de colesterol en las arterias (vasos sanguíneos). El colesterol es una sustancia cerosa que puede causar obstrucción o bloqueo de las arterias. Comer grasas insaturadas en lugar de las grasas saturadas puede ayudar a bajar el colesterol LDL.

 La mayoría de los aceites vegetales que son líquidos a temperatura ambiente tienen grasas insaturadas. Hay 2 tipos de grasas insaturadas: Grasas monoinsaturadas que abarcan el aceite de oliva y de canola Grasas poliinsaturadas que abarcan aceite de cártamo, girasol, maíz y soja (soya) Los ácidos transgrasos son grasas perjudiciales que se forman cuando el aceite vegetal se endurece en un proceso llamado hidrogenación. Las grasas hidrogenadas o “grasas trans”, a menudo se utilizan para conservar algunos alimentos frescos por mucho tiempo. Las grasas trans también se utilizan para cocinar en algunos restaurantes. Pueden elevar los niveles de colesterol LDL en la sangre y también pueden bajar los niveles de colesterol HDL (“bueno”). Los ácidos transgrasos se encuentran en los alimentos fritos, los productos comerciales horneados (rosquitas fritas, pastelitos y galletas), los alimentos procesados y algunas margarinas. En ocasiones pueden esconderse bajo la denominación de “grasas parcialmente hidrogenadas” Hay que evitar los alimentos hechos con aceites hidrogenados y parcialmente hidrogenados (como la mantequilla dura y la margarina), dado que contienen niveles altos de ácidos transgrasos. Es importante leer las etiquetas de información nutricional en los alimentos, lo cual le ayudará a conocer qué tipos de grasas contienen y en qué cantidad.

Fuente: abcblogs.abc.es

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