¿Por qué duele dar a luz?

domingo, 28 de agosto de 2016

¿Por qué, si la naturaleza es tan sabia, no se da a luz de otra forma menos dolorosa para la futura mamá?

Se trata de un misterio no resuelto, el dilema obstétrico o el por qué nuestra pelvis es como es y no está preparada para partos más sencillos y menos dolorosos. Este dilema parte de dos hechos evolutivos contradictorios en el desarrollo de la pelvis humana. Por un lado una pelvis estrecha facilita la locomoción bípeda, pero por otro, una pelvis estrecha dificulta el parto. Y si a esto le sumamos que además una pelvis pequeña limita el tamaño craneal de nacimiento para la especie, y éste a su vez limita el desarrollo cerebral y nosotros somos inteligentísimos. ¿Qué sentido tiene todo esto? Es realmente un dilema.

El parto en nuestra especie es largo y tremendamente doloroso en comparación con otras especies, incluidos otros primates. Dura de media unas 9 horas frente a las dos horas que suelen durar los partos de otros grandes simios.

La principal dificultad durante el parto es la de sacar a la luz la cabeza de su pequeño, de unos 35 centímetros de diámetro, casi igual a la del diámetro del torso. Además, no es un proceso que permita a la madre parturienta seguir una vida normal, sino que es limitante y además obliga al "grupo" a estar pendiente del proceso ya que necesita asistencia, lo que da como resultado un proceso nada adaptado pero, aun así, ha sido el seleccionado por la naturaleza.

Y es que caminar sobre dos piernas y con la espectacular evolución de nuestro encéfalo, son dos hechos que se enfrentan directamente, obligando a que el porcentaje de desarrollo alcanzado en el útero sea menor en comparación con, por ejemplo, los chimpancés. Nacemos por tanto más inacabados que otras especies, indefensos y necesitados de un periodo largo de cuidados sin los que no podríamos sobrevivir.

La hipótesis obstétrica sitúa el enfrentamiento y la necesidad de equilibrio evolutivo entre la locomoción y la capacidad de tener bebés. La Selección Natural eligió la mejor opción posible para que el desarrollo uterino del ser humano se detuviese en el momento en que el tamaño del cráneo era lo suficientemente pequeño para caber todavía por el conducto uterino y las caderas sin causar daños para sí mismo ni para la madre. Es decir, esta hipótesis sostiene que la selección natural trata de maximizar el tiempo en el útero pero sólo hasta el punto en que este es viable: el cráneo crece todo lo posible sabiendo que es capaz de salir por el cuello uterino, aunque el proceso sea dolorosísimo. A su vez, el ancho de la pelvis femenina es una solución que sirve tanto para que el parto sea viable a la vez que nuestra locomoción.


Via que.es

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