Cuánto deporte es salud y cuánto obsesión

miércoles, 9 de noviembre de 2016

La actividad física beneficia hasta el punto de poder retrasar la aparición de enfermedades como el Alzheimer, pero puede crear también trastornos como la vigorexia o desajustes metabólicos.

Últimamente proliferan en las ciudades gimnasios, carreras populares, grupos de patinadores, ciclistas o corredores, aparecen nuevas actividades para mantenerse activo y cada vez somos más conscientes de los beneficios que aporta la actividad física y de cómo esta, nos ayuda desconectar del día a día, a combatir el estrés y frenar el envejecimiento.

Todo nuestro cuerpo se beneficia con el deporte, porque cuando lo practicamos liberamos endorfinas, que nos ayudan a relajarnos y a sentirnos felices, y de ahí la sensación de bienestar tras realizar ejercicio. “Esto unido a los efectos que tiene sobre nuestra imagen, deja claro que el deporte, sea cual sea, desde prepararse para un maratón a caminar media hora al día, es un gran método para mejorar nuestra salud, nuestra autoestima y confianza” afirma la doctora Marisa Navarro, autora del libro “La medicina emocional”.

Se puede confirmar que además de , aumentar nuestra fuerza y mejorar el estado de nuestros órganos y músculos, lo que nos protege frente a problemas físicos, mantenerse activo es también una prevención contra trastornos psicológicos como la depresión, la ansiedad y el estrés, así como para las alteraciones del sueño, entre otros. Pero más allá de esto, Marisa Navarro explica que la concentración, el mejor funcionamiento intelectual y el desarrollo cognitivo que provoca su práctica, es una ayuda para luchar contra enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o la demencia senil, y otras como la diabetes, los accidentes cerebro vasculares, la osteoporosis y el cáncer, así como para frenar el envejecimiento de nuestro cerebro y de todo nuestro organismo.

Sin embargo, el deporte mal entendido o practicado, también puede poner en riesgo nuestra salud, produciendo lesiones físicas más o menos graves, el desarrollo de obsesiones o depresión, explica la doctora. Los casos en los que el deporte se vuelve un peligro más que un aliado serían según explica:

- Cuando le dedicamos todo nuestro tiempo libre, descuidando otras actividades, en cuyo caso puede llegar a producir, vigorexia que es un trastorno asociado a la adicción al ejercicio físico y a su práctica de forma compulsiva, de manera que las personas que lo sufren, además de ser más propensos a sufrir lesiones, tienen una visión distorsionada de su cuerpo y suelen tener baja autoestima.

- Cuando nos centramos sólo en el beneficio estético, y es que acudir al gimnasio solamente con la intención de querer ser delgado, usar una determinada talla o estar supermusculado, buscando un modelo corporal concreto y basado en una estética determinada es un error, que acaba haciendo que te compares con otros y te sientas mal. Hay que asumir que cada cuerpo es diferente, con una estructura ósea, unos músculos y un metabolismo determinado, no hacerlo puede llegar a generar un trastorno conocido como la dismorfofobia, que lleva a obsesionarse por defectos que percibimos en nuestra imagen corporal, ya sean reales o imaginados.

- Cuando la actividad no concuerda con nuestras capacidades. Realizar ejercicio por poco que sea es bueno para nuestra salud, y no hace falta ser un deportista de élite para notar sus beneficios, pero no realizar un deporte acorde con nuestras capacidades o fijarnos entrenamientos o metas muy altas, hace que tengamos más posibilidades de fracasar, lesionarnos o abandonar, no siendo capaces de generar este hábito tan saludable, lo que en consecuencia afecta a nuestro estado de ánimo y autoestima.

- Cuando no aceptamos que una lesión nos impide desarrollar el deporte que nos gusta o cuando las marcas, las metas o los entrenamientos ya no son o tienen la misma intensidad que antes, y esto nos hace sufrir y lleva incluso a muchas personas a la depresión, como vemos en algunos atletas de élite, cuando finalizan su carrera deportiva. Para que no ocurra, hay que cambiar el punto de vista, y ver el deporte como salud, no como competición, pensando que en cada momento, edad o circunstancia podremos realizar un tipo de ejercicio físico, que es el que mejor nos va a sentar.

- Cuando pensamos que por haber hecho algo de deporte, tenemos vía libre para atiborrarnos y no cuidar nuestra alimentación u otros aspectos de nuestra vida. El deporte tiene que estar acompañado de una alimentación equilibrada y saludable, y es que no se trata de perder calorías por un lado, para ponerlo como excusa e ingerir demasiadas grasas, azúcares o alimentos procesados por el otro, porque las malas prácticas alimenticias acaban degenerando en alteraciones metabólicas y hormonales.


Via elperiodicodelafarmacia.com

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