5 señales de madurez emocional

viernes, 10 de julio de 2015

A la vida le hacen falta manuales, así de claro. Hay guías para casi todo menos para madurar. Si queremos hacerlo no nos queda otro remedio que aprender por ensayo y error, es decir, cayéndonos y levantándonos una y otra vez.

La madurez emocional no es como la física. El cuerpo crece, se desarrolla y, por supuesto, envejece de forma inevitable con el paso de los años. Sin embargo, no podemos decir que los años tengan mucho que ver en la madurez emocional.

Obviamente, el paso del tiempo dice mucho sobre la cantidad de experiencias vividas y nuestra forma de afrontarlas, pero realmente esta relación no tiene por qué darse. Al fin y al cabo, se trata de vivir mucho y de asumir gran parte de los aprendizajes que tenemos pendientes.

Madurar significa que ha llegado un punto en tu vida en el que tienes la certeza de que el amor más poderoso, útil e irreemplazable es el amor propio.

Significa que no solo tienes la cabeza amueblada, sino también el corazón. Significa que has aprendido a aceptar lo que viene y a fluir ante la vida, que puedes mirar a tu interior y trabajarte, y que eres capaz de gestionar tus emociones.

Pero, en términos prácticos, ¿en qué destacan las personas emocionalmente maduras? A continuación os contamos 7 señales que las caracterizan:

1. Dejan ir para permitir llegar

Saben que no basta con un hasta luego, un quizás o un a lo mejor. Decir adiós es un arte que implica mantenerse firmes en una posición de no retorno, aunque a todos nos angustia enfrentarnos al horizonte de posibilidades que nos da la despedida.

Decir adiós duele, hace retumbar el alma, te obliga a cerrar la ventana para no volver a contemplar jamás sus vistas. Sin embargo, cuando estamos ante una causa perdida, hay que ser hábiles y gestionar bien nuestra salida.

Hay que respirar hondo y soltar, cerrarle la ventana a la desilusión y al desencanto. Decir “hasta luego” solo contribuye a que sigamos sintiendo ese ardor tan frío y tan sofocante que no nos da tregua.

Las personas maduras saben que la vida es mucho mejor si se vive en libertad, por lo que dejan marchar lo que no les pertenece y se permiten respetar su duelo para sanar sus heridas. No son superhéroes ni superheroínas: son personas que no esperan a abrir nuevas puertas para cerrar otras.

2. No permiten que su pasado emocional arruine su presente

Es complicado no dejar que nuestras heridas emocionales condicionen quiénes somos o cómo nos comportamos en el momento presente. De hecho, gran parte de la población está sometida a su pasado emocional.

Tenemos la creencia errónea de que mirar al pasado es una pérdida de tiempo, que lo pasado se quedó en otra época y que no es necesario limpiar nuestro interior. De esta manera, la suciedad se va acumulando y acumulando creando una montaña de dolor emocional cada vez mayor.

Es decir, es como si un alérgico al polvo metiese debajo de la alfombra el polvo de su casa porque cree que así no le afectará.

El hecho de descuidar nuestras vivencias y nuestras emociones ocasiona mucho dolor, resta espacio a lo positivo y nos impide seguir avanzando.

Las personas que han alcanzado cierto grado de madurez emocional son capaces de cerrar etapas, aunque saben que es un proceso duro que requiere de un esfuerzo que muchas veces cuesta realizar.

3. Si algo les molesta, aceptan y cambian

Es paradójico, pero solo podemos cambiar cuando aceptamos cómo somos. Las personas que llegan a comprender esto saben que la queja y la comodidad emocional solo nos introducen en un complejo y oscuro laberinto.

Si tú eres de las personas que actúa más y se queja menos, entonces puedes decir que estás creciendo emocionalmente.

Permitirse el lujo de cometer errores y no culpabilizarse hasta la saciedad es un privilegio emocional con el que no cuenta mucha gente. Tenemos que aceptar nuestras limitaciones y trabajar para mejorarlas.

Los errores y las insatisfacciones son oportunidades de crecimiento, siempre y sin excepción. Nuestras meteduras de pata no tienen por qué conllevar penitencias o condenas innecesarias, pues lograr ver y comprender el camino de otra manera nos exime de toda culpa.

4. Saben gestionar las emociones y los pensamientos propios y ajenos

    Madurar es cuidar lo que dices, respetar lo que escuchas y meditar lo que callas.

La madurez emocional significa alcanzar una conciencia especial de los pensamientos y sentimientos propios y ajenos. La claridad mental de las personas maduras contrasta con la pereza y el caos de las personas que aún se sienten abrumadas por sus emociones y las de los demás.

Esta habilidad facilita la resolución de problemas de la vida cotidiana de manera rápida, limpia y eficaz, sin dar lugar a mayores dramas ni cargas emocionales.

Este es uno de los pilares básicos de la inteligencia emocional, una capacidad que favorece la consecución de nuestros objetivos en todos los ámbitos de nuestro día a día.

5. Saben abrir su corazón a los demás

Las máscaras y las corazas que usamos en el presente pertenecen al pasado. Es una forma como otra cualquiera de seguir cargando a nuestras espaldas con conflictos anteriores y heridas sin sanar.

Dicho así no suena muy apetecible, ¿verdad? La única manera de madurar y de seguir avanzando es dejar de temer al compromiso, confiar en uno mismo en relación a los demás y disfrutar del tiempo en soledad y en compañía.

Via mejorconsalud.com

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