La comúnmente llamada distonía es un síndrome que se caracteriza por que el paciente sufre de contracciones involuntarias que en algunos casos pueden ser prolongadas y dolorosas, que provocan movimientos espasmódicos de torsión en brazos, piernas y cuello, aunque en los casos graves afecta a todo musculo estriado.
Por desgracia se desconoce la causa exacta que desencadena la distonía, aunque se ha observado cierta incidencia por parte de los ganglios basales del cerebro, unos acumulos en la profundidad del cerebro y que están relacionadas con el control del movimiento.
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El síndrome del coleccionista: el coleccionismo obsesivo
miércoles, 11 de junio de 2014
¿Qué ocurre cuando el coleccionismo se te va de las manos? ¿Que ocurre cuando dejas de comer sano para ahorrar dinero y comprar una nueva pieza? ¿Y cuando te sientes mal porque existe algo nuevo en el mercado y no puedes tenerlo? ¿Y cuando toda tu vida (y la de las personas que te rodean) gira en torno a tu colección? Pues que por desgracia, es cuando estamos empezado a hablar de coleccionismo obsesivo.
El subidón de la compra
Hace 13 años compré mi primera figura de coleccionismo. Era un Eduardo Manostijeras de McFarlane —la pera limonera—50 cm de muñeco con… ¡ movimiento de tijeras a pilas! Alucinante. Y así, sin comerlo ni beberlo, 5 años después de “Edu” yo ya había gastado miles de euros en figuras de coleccionismo de todo tipo: anime, juegos, cine, animación, etc. Cada nueva figura era una satisfacción, un chute de serotonina… ¡y como olían! A sintético, a nuevo. Eran pequeñas obras de arte que solo yo tenia. Una maravilla. En el proceso de búsqueda, compra y llegada del paquete todo era felicidad, y no solamente para mi, sino para mi pareja de aquel entonces, la cual me introdujo en ese mundo.
El subidón de la compra
Hace 13 años compré mi primera figura de coleccionismo. Era un Eduardo Manostijeras de McFarlane —la pera limonera—50 cm de muñeco con… ¡ movimiento de tijeras a pilas! Alucinante. Y así, sin comerlo ni beberlo, 5 años después de “Edu” yo ya había gastado miles de euros en figuras de coleccionismo de todo tipo: anime, juegos, cine, animación, etc. Cada nueva figura era una satisfacción, un chute de serotonina… ¡y como olían! A sintético, a nuevo. Eran pequeñas obras de arte que solo yo tenia. Una maravilla. En el proceso de búsqueda, compra y llegada del paquete todo era felicidad, y no solamente para mi, sino para mi pareja de aquel entonces, la cual me introdujo en ese mundo.
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